La democracia es el gobierno del
pueblo. Y el pueblo está en la calle. La diferencia es que los representantes
consideran su puesto como una posición alcanzada y no como un mandato. Cuando
se habla de un periodo de mandato, no es de ellos hacía nosotros sino de
nosotros hacia a ellos.
La violencia desatada estos días
por la policía y la manipulación de los medios de comunicación criminalizando a
los manifestantes, no habla sino del miedo que el gobierno descubre a que nosotros, como ellos, dejemos
de protestar y actuemos…
No se ha hablado de los motivos
que han llevado a estas protestas. De unos presupuestos para el próximo año que
prioriza el pago de la deuda a la voracidad, en vez de poner en primera línea
las necesidades de una población expropiada y expoliada. No se ha hablado de
cómo estos sinvergüenzas llevados a los altares de la cámara de representantes
y el ejecutivo aplican la violencia en empresas, juzgados, bancos, hospitales,
producción, cultura…Nos han robado la democracia, han hecho saltar el Estado
por los aires, la posibilidad de defensa engullida, han convertido el debate en
azote, sangre y diversión para perros uniformados con sed de “leña” que a la
voz de su amo se despacha con la turgencia de sus varas y la defensa de sus
petos, cascos y operativos represivos además de haber negociado alguna que otra
prima y la dispensa de la paga que al resto de funcionarios han arrebatado,
además de la impunidad de la que hacen ostentación. Agreden a manifestantes, prensa,
ancianos…¡Qué asco!
Qué asco que el único fin de esto
sea el de callar y amordazar el golpe de estado que, bajo la arrogancia vestida
de serenidad, están dando a la democracia. ¡Son ustedes, gobierno, legisladores
y demás poderes, los instigadores, los provocadores, los delincuentes cuyas
manos están teñidas de la sangre de los manifestantes y del dolor de aquellas
personas que por no haber nacido en este país hoy se retuercen con tumores
declarados en sus camas , si las tuvieran, ante la falta de asistencia
sanitaria. Pero no importa cumpliremos los mandatos de Europa.
¡Que asco, vergüenza y zafiedad
ver el congreso rodeado de una policía resentida, aplicada en los métodos más
salvajes y primitivos con el cerebro esponjoso y reblandecido por la arenga creída
de esvástica inoculada! ¡Qué vergüenza de policía insensible al estado de las
cosas y obediente. Qué imagen estremecedora y fascista el cacheo e inspección
de los autocares venidos desde fuera de la capital a las concentraciones del
25-S y sucesivas!
¿Qué tienen que decir, el gobierno
y su delegación en Madrid? ¿A qué tienen miedo? Están destrozando la población,
su paciencia, la esperanza y por
supuesto han dinamitado ya hasta nuestro miedo. Tal vez, a no tardar, cuando desde sus
despachos ordenen a sus perros blandir esos artilugios de golpear frente a los
manifestantes, no verán sus espaldas, sino sus rostros. Por supuesto, ustedes
podrán cargarse de cinismo en sus declaraciones en prensa que, por cierto, está
empezando a enseñar un pellizco de realidad cuando ustedes no interrumpen su
labor. Podrán cargarse de cinismo y mezquina sonrisa sabiendo que son los manifestantes
quienes creemos en la democracia y la defendemos; ustedes, sin embargo, la han hecho trizas. Lo
saben y cada vez más gravita sobre ustedes la sospecha que pueden pagar por
ello. Antes, tal vez alguién desde algún despacho, es posible que se atreva a ordenar abrir fuego frente a los manifestantes, visto el estado de fascismo que nos gobierna.
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